27 octubre, 2006

La rebelión

Le despertó un olor agrio a goma quemada; abrió la ventana, Madrid ardía por completo. Se vistió lo más deprisa que pudo y se colocó la máscara. Por fin iba a sacarle partido a ese armatoste que su hija se empeñó en regalarle. Ahora no tenía más que seguir las instrucciones que la radio y la televisión repetían incansables desde hacía días. Sacó su vieja escopeta del armario, llenó los bolsillos de la chaqueta con todos los cartuchos que tenía y salió a la calle. Sabía dónde debía dispararles y lo hacía con decisión. Por muy inteligentes que se hubieran vuelto, esos malditos coches autónomos no se iban a adueñar de su ciudad. Al menos mientras a él le quedara munición.

2 Commentarios:

Anonymous Chiki ha dicho...

Mola, es original. Lo único que me falla es que he tardado en saber si el "cacharro" que se empeñó en regalarle la hija es la máscara o es la escopeta. Supongo que la máscara. Y por otro lado... ¿se empeñó en regalarle? A mí me pega que se empeñe en que lo use, pero se regala y punto, no hay que empeñarse en ello. No sé si m'explico...

Ea, besos

viernes, octubre 27, 2006 4:59:00 PM  
Blogger yisus ha dicho...

Te explicas perfectamente. La duda entre escopeta y máscara me ha surgido al leerlo. En lo del empeño ya no estoy tan de acuerdo, pero es probable que se trate de una costumbre...
Mil gracias otra vez.

viernes, octubre 27, 2006 5:06:00 PM  

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